EPITAFIOS POLÍTICOS

La tarde del pasado Miércoles 17 de Julio fue un día surrealista en nuestra política. Teníamos que frotarnos los ojos para ver si lo que ocurría era un sueño. El agua y el aceite se volvieron uno; los extremos parecieron juntarse y los rivales políticos históricamente irreconciliables hicieron gala de un encomiable espíritu democrático.

 

Como pocas veces, las cuatro bancadas más numerosas estuvieron unidas, concordadas y disciplinadas. No lo hicieron por una ley memorable como podría ser, por ejemplo, asignar el 15% del presupuesto nacional a educación, o reducirse el sueldo para igualarlo al de los maestros y médicos, o para prohibir las donaciones que se disputan como si fueran niños malcriados peleándose por caramelos. No se unieron los líderes de los partidos políticos que dominan el Congreso para cerrar filas contra la corrupción, la violencia organizada o para reducir el presupuesto congresal que cada año sube. Ninguno de esos nobles pensamientos fue la razón de su coincidencia. Muy por el contrario, el objetivo fue bastante distinto: repartirse dos instituciones fundamentales; El Tribunal Constitucional y la Defensoría del Pueblo.

 

El APRA, Solidaridad Nacional y AP – Frente Amplio, es decir la nueva minoría, fueron los que levantaron la voz en nombre de millones que por la televisión -no canal 7 por supuesto- veíamos cómo se validaba un pésimo sistema de votación y la elección de personajes tan cuestionados.

 

El rechazo ciudadano fue inmediato. Varios miles salieron a marchar a las calles. En las redes sociales se calentó el tema que amenazaba con convertirse en una suerte de “primavera chola”. Todos temblaron y el presidente salió queriendo ponerse del lado de la indignación popular pero se olvidó que es su bancada, su aliado Alejandro Toledo y su falta de liderazgo, los causantes de este descalabro.

 

Pero Gana Perú y Perú Posible y sus aliados, no son los únicos responsables. El Fujimorismo y lo que queda de Alianza por el Gran Cambio se han puesto, en esta votación, de espaldas a la población y al sentido común.

 

Podrán querer hacer malabarismos para explicar las cosas pero la gente, en la calle, se dio cuenta que fueron incapaces de usar esa representación que les dio el pueblo para cuadrarse frente a un oficialismo parlamentario que se cae de inmoral. La política implica acuerdos pero estos deben condicionarse a principios y valores superiores.

 

En las próximas horas los portavoces de los partidos deberán juntarse para resolver este caos. No hay espacio para más errores. La paciencia de los ciudadanos está a punto de explotar. O se ponen los pantalones o la responsabilidad de lo que ocurra tendrá nombres, apellidos y varios epitafios políticos.

 

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