JORNADA FÁCTICA

Martín Vizcarra, presidente de facto, ha consumado en los hechos un plan que tenía en mente él, junto con un grupo de personas cuyos objetivos son -las evidencias abonan en ese sentido- poco patrióticos y muy lejanos a los verdaderos intereses de los peruanos.

No voy a caer en el facilismo de criticar al Congreso. A lo dicho en los últimos años y meses -sobre la malo o lo feo de esta institución- no vale agregar más. Hay mucho de cierto. Este Congreso disuelto inconstitucionalmente por más impresentables que hubiera, también ha tenido y tiene figuras valientes, notables y que, con el tiempo y la distancia, se podrán aquilatar en su enorme valía. El pueblo tuvo errores en elegir a unos, pero también acierto en elegir a otros.

La política es, muchas veces, una disputa por el poder donde puede haber ganadores y perdedores. Cuando se pierde en buena lid hay que extender la mano y se hace imperativo reconocerlo; pero cuando la victoria se consigue de forma ruin, innoble e infame, la supuesta victoria merece una reflexión que debe llevarnos a todos los espectadores a mirar con seriedad el escenario, los actores y las reglas de juego.

Hemos visto un proceso en el que se suponía que la Constitución era un marco único y respetable que no podía contradecirse y al que todos debían respeto irrestricto. Supusimos también que las instituciones tutelares, los poderes complementarios, los gremios y los medios observarian con equilibrio y, si se les requería, actuarían en función de la virtud más importante: la justicia.

No se consideró que el Presidente de la República iba a ser capaz a de ir contra la Constitución. La única carta magna que, en la historia del Perú, ha sido aprobada por un referéndum por la mayoría de los peruanos. Nadie imaginó que Vizcarra sería capaz de pasar sobre ella, pero lo hizo y muchos lo aplaudieron y lo siguen haciendo.

Nadie imaginó que, si Vizcarra pasaba sobre la Constitución, a la casi unanimidad de los medios no les importaría y que se plegarían con su aliento, con su anuencia o con su indiferencia. Hemos visto burlas, azuzamiento y mucha ignorancia sobre la delicada coyuntura. Un micrófono no es un arma para mancillar, insultar o juzgar de manera tan irrespetuosa como se ha hecho. Muchos de los reporteros o los conductores, han dejado en evidencia su absoluto desconocimiento de los delicados temas que se estaban tocando y han dado la penosa imagen de ser parte de una barra brava. Diarios históricos que se supone serios, se pusieron de perfil y, quince días después, sigue relativizando lo ocurrido haciéndole el juego a los infractores constitucionales y a los extremistas.

Tampoco creímos que las fuerzas armadas se prestarían para una foto. Hoy no se necesitan tanques, basta el mensaje que implica fotografiarse junto a quien acaba de disolver un poder del estado. Muchos pensamos que habían aprendido de sus errores históricos y que jamás volverían a apoyar un golpe de estado.

Quizá no se reconoció la alerta que un ex presidente lamentablemente desaparecido señaló cuando habló de la DIVIAC; la policía política que hoy mismo rodea con cientos de hombres en varios anillos que impiden el ingreso de congresistas y empleados al edificio congresal. En esta oportunidad se ha amarrado las manos a las fuerzas armadas para que no actúen y solo se tomen una foto, para generar un mensaje conveniente para ellos y para el gobierno. Pero donde la DIVIAC ha sido el brazo armado ejecutor.

Creer en Luis Almagro, secretario de la OEA muestra el peligro que tiene el continente en organizaciones que se supone son vigilantes de la democracia, pero que al momento de los hechos se ponen de perfil alentando ilegalidades como las ocurridas en el Perú. Eso de decir que está de acuerdo con que el TC dirima, pero que saluda las elecciones es, en la práctica, validar el gobierno de facto.

Vale una mención a la izquierda parlamentaria. Ellos sí supieron siempre que el caos, el desorden y la anarquía, eran el objetivo central de su presencia en el Congreso. Durante tres años y sobre todo desde el 28 de Julio en adelante su papel solo ha servido para fijar la intolerancia, la intransigencia y para demostrar lo débil y tonta que puede ser una democracia cuando se permiten barbaridades invocando la libertad.

Creo, finalmente, que hay que entender la dinámica de las fuerzas externas que ya están operando en el país dentro de Palacio de gobierno. La inocencia de no reconocer esto nos pasará factura tarde o temprano.

A pesar de la acción competencial presentada y de los esfuerzos legítimos y valientes de Pedro Olaechea, hay poca esperanza que un TC arrinconado pueda votar con verdadera independencia, pero hay que perseverar.

En los próximos días, salvo algún evento inesperado, Vizcarra consolidara todo el poder de la nación. Es el Rey, y nadie y menos los medios que lo siguen aplaudiendo, fiscalizará sus acciones. Se abren meses donde el gobierno usará, sin control, la chequera del estado para hacer lo que Vizcarra quiera. Quizá entonces los peruanos comencemos a entender junto a la dimensión de su incapacidad como gobernante, la gravedad de lo ocurrido.

Toca esta reflexión, que extiendo a todos con el mejor propósito. No con el ánimo de tener o no la razón. Hay mucho que aprender de un proceso que lejos de haber terminado apenas comienza.

Hasta un próximo post

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