LA ERA DEL APLAUSO

El discurso ante el congreso de la República por parte del presidente Pedro Pablo Kuczynski marca la pauta de lo que será el gobierno de los próximos cinco años.
Corto. Preciso. Sensato, por momentos inspirador. Pero también realista en el sentido que la visión que esbozó será, en la práctica, imposible de plasmar sin el apoyo del fujimorismo. La encarnizada segunda vuelta deja heridas incurables que quizá ni el tiempo ayuden a curar. Cuando hubo tiempo de mostrar realismo político y pedir disculpas optó –mal aconsejado- por no hacerlo. La demora ha empeorado las cosas.

B01082016¿Por qué el ambiente de polaridad, en lugar de haber disminuido, parece más intenso? La respuesta parece muy sencilla de decir pero muy difícil de entender. El triunfo de PPK fue, como él mismo reconoció el día que le entregaron las credenciales, “por un pelín”. Y ese triunfo así de ajustado nos pone en un escenario jamás nunca visto en la historia del Perú. Por lo menos yo no recuerdo otra circunstancia similar. Y, en esa virtud, la importancia de la negociación política resulta más trascendente que nunca.

En el pasado los gobiernos que ganaban el ejecutivo, ganaba o tenían mayoría en el congreso y esa condición les permitía ser menos concedentes con la oposición. Muchas veces, en verdad, el ejecutivo mandaba también en el congreso y con algunas pocas alianzas alcanzaba el número suficiente de votos que posibilitaba aprobar sus proyectos e intentar plasmar, cuando las hubo, sus visiones. Toledo, García y Humala tuvieron esa ventaja y por lo tanto el diálogo que plantearon con las oposiciones respectivas, en el congreso, fue siempre desde una posición cómoda y, en la mayoría de veces, de mero trámite.

La presente coyuntura tiene a un ejecutivo que no puede ni podrá gobernar sin el legislativo. PPK puede “manejar el auto” –como dijo ayer- pero las llaves del legislativo las tiene Fuerza Popular. Ambos fueron legitimados al ganar sus elecciones así que ninguno es más que el otro. No hay forma que ninguno de los seis ejes planteados ante la representación nacional, en el discurso inaugural de Pedro Pablo el pasado 28 de Julio, arribe a buen puerto si no es consensuado y presentado ante el fujimorismo para su aprobación. No es un asunto de permiso, no es una asuntó aritmético, no es un capricho y no será un mero trámite; es una realidad. Quizá sea lamentable o incomodo para algunos pero es un hecho fáctico. Así como es una realidad que PPK es el presidente es una realidad que Keiko ganó la mayoría congresal. En ambos casos la voluntad popular se expresó. En el caso del congreso fue categórico, contundente y mayoritario. Peruanos Por el Kambio ni siquiera tuvo la segunda mayoría. Esto puede molestar a los ppkausas y a los que fueron barra brava en la segunda vuelta –porque les convenía cualquiera menos Keiko- pero es la realidad y mientras más se demoren en asimilarla más demoras habrá no sólo en volver realidad la visión del presidente sino en interpretar el mensaje que representó el votó del pueblo peruano el 10 de Abril.

Dicho esto, es peligrosa, precisamente para el presidente Kuczynski, la conducta de parte de sus voceros oficiales y oficiosos. Decir que es una falta de cortesía “no aplaudir” el discurso presidencial es más que una torpeza, la evidencia de la absoluta incomprensión de la realidad política. Poco ayuda la prensa genuflexa que repite el argumento como si de tanto repetirlo una tontería fuese a dejar de serlo. Y, qué curioso, ni sus voceros –de oídos tan sensibles para no escuchar el aplauso a “su” líder del momento- ni la neo prensa oficialista, dicen nada sobre la conducta de representantes del frente amplio que se pasaron buena parte del discurso chateando desde sus smartphones o mostrando sus pancartas de “uteros” ante la sorpresa de los invitados y las delegaciones internacionales. Ofendidos para unas cosas pero ciegos para otras.

Resulta inaceptable que haya que aplaudir -lo que les parece a los ppkausas- para ser considerado “cortes” o “patán”. Ayer aplaudían a Toledo hoy a PPK y mañana solo Dios sabe. La era del aplauso en un régimen democrático es inaceptable y ojalá no sea esa la tónica de otros congresistas del oficialismo -menos adictos a las luces y los flashes- más conectados a tierra.

Fernando Zavala, el joven presidente del consejo de ministros, se enfrenta a este escenario complejo. Más amigos y verdaderos facilitadores tiene fuera que dentro del gobierno. Tendrá que buscar consensos a pesar de su bancada. Más consciente de sus verdaderas potencialidades, tuvo el acierto de saludar personalmente a cada fujimorista en el hemiciclo. Zavala sabe que no hay presente ni futuro sin Fuerza Popular. Su ausencia de la campaña no sólo le da la distancia necesaria para conversar sin traer el recuerdo de los insultos sino que termina siendo el más sensato de todos los que están cerca a PPK.

El fujimorismo, por su parte, enfrenta no pocos problemas. Hay varias procesiones por dentro sobre todo después de la derrota electoral. Por otro lado el luto de Keiko y de muchos de sus colaboradores puede terminar en el ridículo sino dejan de recordar el pasado reciente y comienzan a portarse a la altura de las circunstancias. El griterío de las barras bravas poco ayuda a construir esa imagen de un congreso moderno y renovado. Luz Salgado parece un excepción a la regla por su sensatez y equilibrio, pero algunos de los nuevos voceros –dentro del neofujimorismo- sin haber comenzado su ejercicio congresal van luciendo desgastados y sin sumar en la causa de la gobernabilidad.

En este contexto Salgado y Zavala pueden terminar siendo los actores fundamentales que el país reclama en este momento. Sin ofensas, sin agendas ocultas y con conciencia plena que el clima de enfrentamiento solo favorece a la izquierda incapaz y parasitaria.

El discurso grabado de Keiko por 28 de Julio no se aleja, en el otro extremo, del mismo defecto que los ppkausas irreflexivos. Querer llevar adelante sus planes de gobierno sólo aprobando leyes resulta a estas alturas inocente. Así como el ejecutivo no puede sin el legislativo, el legislativo queda entrampado sin el ejecutivo.
La gran lección aún no procesada de estas últimas elecciones es la que surge de la voluntad popular expresada el 10 de Abril. El pueblo peruano ha pedido que dos sectores afines y mayoritarios se pongan de acuerdo y nos saquen a todos del tercer mundo. Educación, salud, infraestructura, seguridad y saneamiento son los medios pero deben ponerse de acuerdo ahora y sin más discusiones. Harán bien Zavala y Salgado en dejar el camino libre de obstáculos que permitan ver con verdadero optimismo y realismo las frase republicana con la que Pedro Pablo cerró su discurso inaugural: “Firme y feliz por la unión”.

Recordar que lo que menos necesita el presidente y su gobierno es el aplauso de un congresista o un grupo de ellos; y sí la aprobación silenciosa y sincera del pueblo en las calles.

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