Lima tiene que cambiar

Lo ocurrido la noche del Domingo, con la parodia de debate organizado por el Jurado Nacional de Elecciones es una suerte de cachetada a la poca institucionalidad que nos queda o que buscamos preservar. El desalojo del atril en que estaba parada Patricia Juárez, representante del Comité Revocador y del SÍ, fue uno de los actos más vergonzosos por parte de quienes lo precipitaron; Marisa Glave, Eduardo Zegarra y Marco Zevallos y por parte de funcionarios del JNE que, con su anuencia, lo permitieron.

 

 

La exposición de motivos era eso. La oportunidad para escuchar las razones para votar por el Sí para revocar a la alcaldesa, o para votar por el No para salvarla a ella y a sus regidores. ¿Tanto temor había de una mujer que sí se presentó sola a debatir?

 

 

Sin embargo, el JNE, dueño de casa, lejos de hacer prevalecer el derecho de los ciudadanos a escuchar las ideas en un evento, que fue organizado por ellos para eso, se sustrajo de la obligación de resolver la circunstancia que Patricia Juárez podía y debía tomar el lugar de quienes no asistieron. En lugar de ello, optó por ponerse de perfil y,  argumentando que había un acta firmada,  tomó la decisión más insólita y absurda que jamás hemos visto en la historia de la política peruana. Transmitió por Televisión a todo el país dos terceras partes del debate con la participación de una sola parte y con el atril vacío de la otra. El JNE, que sabía desde muy temprano, que sólo Juárez representaría el SÍ se prestó, se asustó y se resignó a los radicales y a los extremistas. Bastaron los gritos de Glave y Zevallos para que quienes estaban allí como dueños de casa miraran al techo y desalojaran a quien representaba en ese debate al pueblo revocador y al sentimiento popular.

 

 

La alcaldesa Villarán de la Puente -sin duda alguna- la gran ausente de este debate, dijo ayer “El caos del debate es una muestra de lo que se viene”. Le doy la razón. No hay duda que con autoridades así -que creen que se pueden esconder de su responsabilidad de dar la cara y debatir, que envían a representantes para que lo hagan con el espejo, que creen que el grito es la razón y el vejamen la recompensa- estamos notificados. Esa es la muestra clarísima del futuro de Lima si ella, su equipo de Fuerza Social y el NO, triunfan. Basta sino con mirar como esos mismos con esa misma actitud sectaria y antidemocrática han paralizado Cajamarca, Espinar, Cañiaraco y aguardan, que pase el 17 de Marzo, para mostrar el caos que son capaces de crear. Las ONGs que lucran en medio de esto les permiten ser ineficientes en la gestión pública pero eficientes en el escándalo, la agitación y la parálisis.

 

 

Sin embargo Lima ha cambiado y lo sigue haciendo. El sentido común de la mayoría, el pensamiento crítico de los jóvenes y el sentimiento popular pueden hacer una gran diferencia. Lima puede ser el principio del fin de esa forma de hacer política. La batalla electoral por la capital es trascendental para derrotarlos políticamente y luego avanzar hacia los reductos mineros que tienen todavía secuestrados.

 

 

Lima debe cambiar de dirección, de gestión y de manos. No con gritos ni amenazas sino con algo mucho más contundente: con votos.  La incapacidad, la mentira y la ideología política extremista deben ser desterradas. El próximo domingo está en nosotros dar un mensaje claro a todos estos políticos mediocres y a quienes quieren medrar a su alrededor.  A ese cambio hay que decirle contundentemente Sí.

 

 

Alfonso Baella

 

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