Nadine

Una nota publicada en la última edición de la revista The Economist, bajo el título de “Lost in Translation: a glossary of new French doublespeak”, proporciona una guía útil para decodificar el doble discurso francés y la voz política del gobierno socialista de François Hollande.

 

El artículo hace referencia a Lionel Jospin, el primer ministro francés, socialista, que, por ejemplo, privatizó más empresas que sus antecesores derechistas sin tener que utilizar la palabra “privatizar”, prefiriendo para ello lo que el definió con eufemismo como “apertura al capital”.

 

En todo el mundo, y nuestro país no es la excepción, los políticos tienen –por lo general- un doble discurso. Dicen una cosa y hacen otra. Prometen que harán esto y, una vez en el poder, hacen lo otro. Hay ejemplos con los que podríamos llenar una enciclopedia de varios tomos y que estoy seguro usted conoce, recuerda y le producen, seguramente, decepción, frustración y quizá hasta indignación.

 

Leí el artículo y no pude dejar de pensar en la frase que esta semana marcó uno de los momentos más interesantes de la política nacional. Nuestra primera dama, Nadine Heredia, dijo algo que todos los medios aquí y en el mundo difundieron en segundos: ”El tiempo infame de las leyes con nombre propio ya pasó y yo no persigo ningún interés en particular”. Amplió su declaración puntualizando: “Si no comenzamos a respetar la institucionalidad democrática nos vamos para abajo y yo al igual que ustedes quiero que el Perú triunfe no solo en la economía, también en lo político y social. Así todos tendrán igualdad de oportunidades”.

 

Nadine Heredia, para muchos, no sólo es el poder tras el trono de este Gobierno sino además el soporte político – y emocional – del presidente Humala. El deslinde con su candidatura presidencial eleva la política nacional porque echa por tierra lo que, a todas luces, sería un acontecimiento nefasto pero sobre todo porque ayuda a reconocer mayor autenticidad en su acción y en su discurso.

 

En un país como el nuestro, donde el poder genera angurrias dañinas y enfermizas, decir “no” es un paso en la dirección de la sensatez. Nadine tiene, por eso, no sólo una gran oportunidad sino una enorme responsabilidad mucho  más allá de la elección presidencial del 2016.  Por lo pronto, tendrá que actuar como pocos políticos; haciendo honor a su palabra.

 

Alfonso Baella

@alfonsobaella

 

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