NO ES LO ECONÓMICO, ES LO POLÍTICO

En medio del debate entre ex ministros y economistas, el presidente de la República lanzó un plan para reactivar la economía. Según el BCR el PBI de abril apenas superará el 2.5%; uno de los índices más bajos en los últimos años y prueba que la época de la vacas flacas que el propio Presidente anunció está aquí y amenaza con quedarse. El Perú –primer exportador de cocaína del mundo, donde el lavado de activos amenaza con banalizar la formalidad y los principios éticos sobre los cuales deben erigirse una auténtica sociedad sana y competitiva, y donde la economía sigue estando 80% en la informalidad– atraviesa una crisis en verdad mucho más grave que la económica.

 

Lo que ocurre no es sólo, como dice el Presidente, que el viento a favor de la década pasada se acabó, que China, Europa o Estados Unidos han dejado de crecer, que hay promotores de la desinformación o exceso de pesimismo, ni siquiera es la corrupción de regiones y municipios la verdadera amenaza. Esa explicación podíamos creerla cuando no había internet y no había telefonía celular o cable. Hoy lo que dice un político, y más aún un presidente, no tiene que creerse ni aceptarse; tiene que cotejarse y acreditarse. Un par de clics en Google y lo que el Presidente sostiene no sólo es para levantar la ceja sino para comenzar a dudar si sabe realmente lo que está diciendo o nos quiere contar un cuento.

 

Unidad, liderazgo, consenso, sensatez, es lo que necesitamos. Cuando en una familia hay una crisis económica producto de la pérdida del ingreso de quien sostiene la familia, lo primero que hay que hacer es mantenerla unida y eso empieza por quien dirige la familia. Si un padre o una madre se sustraen en su rol de principal dirigente y le echan la culpa al otro o a los hijos o al vecino sólo generan desánimo, frustración y sobre todo inestabilidad.

 

En el Perú, el principal responsable actúa de forma que la mayoría de peruanos no entendemos. En lugar de asumir se pone de perfil y le endilga la responsabilidad a todo y a todos, menos a él, a su esposa, y a su grupo dirigente. Los paquetes económicos son importantes pero los paquetes políticos son aún más. La política debe dirigir la economía y no al revés. ¿Dónde están los puentes, los consensos, los acuerdos políticos para impulsar las políticas públicas que requerimos en esta coyuntura?

 

James Robinson, profesor de Harvard y uno de los autores de ¿Por qué fracasan los países?, estuvo en Lima y sostuvo: “Los problemas son institucionales, políticos y todo eso se ve reflejado en la economía”. Así es, no es lo económico; es lo político. Allí están una buena parte de nuestros problemas.

 

Por: Alfonso Baella Herrera

Publicado en Expreso 15.6.14

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