Soroche presidencial en la ciudad de los rascacielos

Abriéndose paso por las calles neoyorquinas el presidente Humala y su séquito formado por 10 personas – incluida Nadine – llegó al estudio de Univisión en Manhattan.  La entrevista que concedería no era intrascendente, menor o irrelevante.  Quien lo entrevistaría era Jorge Ramos, del programa A PUNTO, una verdadera institución del periodismo latino en los Estados Unidos.

 

Para ubicar a Ramos basta googlear su nombre para encontrar en segundos los detalles de una carrera nada modesta: “considerado uno de “los 25 hispanos más influyentes de Estados Unidos” (revista Time). La revista Latino Leaders dice que es uno de “los 10 Latinos más admirados en Estados Unidos” y de los “101 líderes de la comunidad hispana.” People en Español lo incluyó en su lista de los 100 latinos de mayor influencia en norteamérica”.

 

Jorge Ramón tiene más de una docena de premios al periodismo y ha escrito 9 libros. Cualquier equipo de prensa presidencial debería saber la importancia que tenía esta entrevista y la trascendencia de preparar al presidente Humala para tener un desempeño adecuado en la actual coyuntura.  Stephen Keppel, editor del programa de Jorge Ramos ha escrito una crónica, que ya circula en el ciberespacio,  de la accidentada entrevista en la que Humala tuvo su peor presentación pública en lo que va de su mandato presidencial. Confirma lo que se vió en la pantalla, es decir, un Humala malhumorado, irracible y torpe que no pensó en los millones de espectadores que lo estaban viendo –no en el Perú sino desde Nueva York- en todo el mundo. Perdió la oportunidad de generar aquello que todos le piden y que requiere tanto  su gobierno; confianza, confianza y más confianza.

 

Contestar como lo hizo fue un error. Pareció que en lugar de haberlo preparado para hacerlo bien lo habían predispuesto para pelearse con quien no tenía que hacerlo. Sus comentarios fueron fatales y solo evidenciaron una equivocada evaluación del periodista y el medio: “Me da la impresión que usted tiene prejuicios contra mi persona”, “Yo busco cumplir con lo que he ofrecido al pueblo peruano. Si usted ha escuchado mis discursos tiene la respuesta” dijo nuestro presidente rematando frente a la insistencia del periodista con el fatal: “no tengo porque decírselo”. La entrevista arrojó sombras y generó una ola de rumores que en segundos se esparció en todas partes.

 

Quizá con la conciencia sucia y mortificado por el exabrupto Humala no tuvo mejor idea que recurrir a su providencial twitter para responder, lo que no pudo o no quizo, a Ramos: Ni un día más. Mi juramento con el Perú y la democracia fue y es: No a la reelección”. La diferencia está en la oportunidad perdida. El programa lo ven y lo verán este domingo varias decenas de millones de televidentes en todo el mundo y el twiiter del presidente Humala apenas supera los 100 mil seguidores.

 

El Primer Ministro Lerner desde Lima, con la vision panorámica más clara, trató de justificarlo diciendo que la respuesta de Humala se debió al “cansancio”.  Sin embargo el Canciller Rafael Roncagliolo, acompañante de Humala en Nueva York señaló que “por dignidad y respeto, el presidente Humala no puede aceptar majaderías de la prensa”.  Con Roncagliolo cerca no dudamos que estos errores se volverán a repetir y la confianza se irá cuesta abajo. La cancelación de otra importante entrevista con la cadena CNN por tener “una agenda recargada” de reuniones estériles evidencian la poca comprensión del rol que la prensa internacional tiene y puede cumplir en favor del país. En lugar de usarla la despreciamos, en vez de hacerla amiga nos enemistamos con ella.

 

Queda, en el fondo, la sensación que “in pectore” Humala sí buscará la reelección. Valle Riestra advirtió ayer: “Este tipo de personas, al ser elegidos, se sienten predestinadas, insustituibles. Lo que Ollanta Humala ha dicho es lo que tiene en su subconsciente, ‘no tengo por qué contestarle’, eso es una vulgaridad y, segundo, es un acto sintomático porque él quiere decir ‘yo sí quiero mi reelección’”.

 

Hace unos días un sondeo de opinión en el Perú mostró que un 65% de la población aprobaba la gestión presidencial. Quizá esos número hayan estado más presentes en su pensamiento y le hayan generado esta suerte de mal de altura o soroche presidencial en la ciudad de los rascacielos. De cualquier modo el futuro politico que nos espera parece incierto. Sin partidos politicos sólidos y sin instituciones fuertes, las visiones caudillistas y totalitarias siempre estarán amenazándonos. Ojalá lo avanzado en los ultimos años no se convierta pronto en el recuerdo nostálgico de otra oportunidad perdida.

 

Alfonso Baella Herrera

www.baella.com

 

 

 

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