VOTAR BIEN

George Washington afirmaba que “Rectificar los errores del pasado es imposible, pero podríamos sacar provecho de la experiencia de ellos”. Tenía mucha razón, los errores pueden enseñar.

Por eso la experiencia es uno de los atributos que se requiere en muchos ámbitos de la vida. Es fundamental porque permite aquilatar las vivencias, aprender de los errores y ahorrar tiempo. Se supone que la experiencia, en muchos campos, es altamente valorada. No dudamos que la juventud es impulso y fuerza, pero la experiencia permite precisamente dirigir con mayor eficacia esos atributos. Por lo menos en teoría.

Una gran empresa de tecnología en el Silicón Valley tiene un área de “valorización de los errores” que se encarga de identificarlos, una vez resueltos y corregidos, jerarquizarlos, valorizarlos y documentarlos para que sean difundidos en toda la organización. El error sirve, no para buscar a responsables sino para no repetir el error y, como dice Washington, sacar provecho de la experiencia.

Parece difícil trasladar la dinámica y aprendizaje del error de la “empresa de tecnología de Silicón Valley” a la política. Parece difícil que el aparato estatal aprenda del error. Tampoco parecen haber filtros institucionales suficientes y si los hay terminan por ser ineficientes. Quizá lo más difícil es que los políticos de turno lo hagan. Pero muchas veces quienes ganan una elección ejecutan, con el dinero publico, obras que no son ni prioritarias ni necesarias. ¿Si tuviéramos que listar errores de los que deberíamos aprender por donde comenzar? La Refinería de Talara, el Aeropuerto de Chinchero, ¿la Interoceánica? ¿Qué agregamos a la lista?

Y ahora que vienen las elecciones sería bueno mirar a nuestro alrededor. ¿Qué obras realmente importan y bajo qué modalidad deben hacerse?

La respuesta queda en nuestras manos y, por cierto, en nuestro voto.

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