Yo no quiero ser presidente

Sentado en una sala, al lado de su esposa, junto a tres asesores, en la primera reunión para explorar la posibilidad de ser candidato a la presidencia de los Estados Unidos, Barack Obama fue preguntado y casi conminado a dejar el tema de su candidatura para después. Te enfrentas a una de las familias –los Clinton- más poderosas de Washington, pero más aún, tu nombre: Barack Husein Obama no es… digamos… el más popular en la política norteamericana… no tienes una enorme ejecutoria como parlamentario y más bien tu producción ha sido reducida y está el tema racial que hay que trabajar mucho…por qué no esperas al 2012 y así tenemos tiempo de construir tu imagen?…” Barack respondió: “….todo lo que dices es cierto pero mi razonamiento, partiendo de las mismas premisas, es otro. Yo veo una situación económica crítica pero sobre todo veo una crisis moral y una falta de liderazgo enorme…el pueblo quiere liderazgo. Yo no quiero ser presidente, ese no es mi objetivo. Yo quiero ser esa persona que pueda darles fe, esperanza, ánimo para que vean y sientan que podemos salir de esta crisis y podemos recuperar los valores y los principios. Esa es la oportunidad que veo y si en ese esfuerzo, si en esa gesta la gente reconoce algún mérito, si logramos contagiarla, si podemos activar ese resorte racional y emocional y ven en nosotros algo distinto a lo que ha sido Washington hasta ahora entonces quizá podamos ganar la nominación, ganarle a Hillary y ver qué ocurre…no soy mejor que Hilary ni McCain pero sí soy distinto a ellos; esa es mi oportunidad y mi ventaja…

Esta escena es cierta y ha sido contada por alguien que estuvo en esa reunión premonitoria. Mi reflexión viene a razón de ello. Qué buscan nuestras clases dirigentes? Qué condiciones tienen para liderarnos?  Cuantas veces anteponen “su” plan, personal, nombre o partido a lo que es bueno para nosotros? Pero más allá de esos pequeños o grandes egoísmos, qué estamos nosotros, los ciudadanos, pidiendo, queriendo o exigiendo? Qué tipo de reflexión hacemos? Cómo educamos a otros en la responsabilidad de elegir?

Churchill ha dicho: “El político se convierte en estadista, cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones.” Es curioso tener la percepción que pocos de nuestros líderes piensan como estadistas y es peor aún sentir que “su” plan nunca fue, ponerse a la cabeza de gestas o cruzadas, como Obama, sino atender pequeños asuntos personales, saldar cuentas o “arreglar” cuentas para sí o para sus amigos. La política puede enaltecer u honrarnos o puede convertirnos en miserables y esto no sólo depende de los malos o buenos políticos sino de quienes los elegimos.

La dimensión de una democracia no es solamente el número de personas o las veces que nos reunimos a votar sino también la calidad de esa elección, la conciencia con la que se ejerce el voto, el desafío que uno es capaz de plantearse por llevar las cosas donde uno quiere que estén no sólo porque me conviene a mi sino porque nos conviene a todos,  porque es bueno para todos. Los que tenemos que pensar como estadistas no son los políticos sino nosotros, los ciudadanos, los hombres y mujeres que día a día trabajamos y nos esforzamos por ser mejores hijos, padres y personas. El nivel de exigencia debemos y tenemos que ponerlo nosotros. Esa es nuestra responsabilidad.

Ninguna encuesta puede decir lo que uno tiene que hacer. Si las cosas van a cambiar sólo van a hacerlo porque uno mismo decide hacerlo, porque uno quiere realmente un cambio y porque no quiere dejarse llevar por la mediocridad o la mentira. No importa tanto quien quiere “ser” sino a quien queremos y necesitamos  para un cargo de responsabilidad y trascendencia.

Alfonso Baella

Autor del libro: Yo Quiero Ser Presidente

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